Robo-Advisor, el nuevo asesor financiero




Los Robo-Advisors se comercializan como un software que realiza una gestión online de carteras de activos financieros, en concreto de fondos de inversión cotizados (ETFs), sin que exista el contacto con ningún asesor humano. 

 




Al tratarse de un software, por una parte, al no tener que pagar comisiones, se reducen notablemente los costes de asesoramiento, y por otra parte, se reduce la incertidumbre que puede provocar el tener a una persona como asesora financiera.

Los Robo-Advisors utilizan una serie de cuestionarios para confeccionar el perfil del inversor, de esta manera realizan una segmentación de los clientes e identifican las necesidades de inversión de cada uno.

Existen numerosos tipos de Robo-Advisors, pero todos funcionan a través de un sistema de algoritmos matemáticos que les permite encontrar la cartera de ETFs adecuada para cada cliente y, posteriormente, rebalancear dicha cartera de forma periódica y reinvertir los dividendos.

Suelen ser utilizados fundamentalmente por gente joven, habituada a recibir servicios online y que no se fía de los asesores financieros tradicionales ya que creen que éstos no les proporcionarán a sus activos el máximo valor posible. Sin embargo, en España el uso de los Robo-Advisors no está tan extendido como lo está en Estados Unidos, esto puede ser debido a que tradicionalmente la gestión del patrimonio en España se lleva a cabo a través de la banca, lo que conlleva, por un lado, la existencia un conflicto de interés, puesto que los bancos tratan de vender productos en lugar de asesorar, y por otro lado, la aparición de altos costes. Estos problemas hacen que al final la rentabilidad de los fondos de inversión en España sea más baja. No obstante, se espera que con el tiempo, el uso de los RA se vaya popularizando cada vez más.

Sin embargo, los Robo-Advisors también presentan una serie de inconvenientes: en primer lugar, este software puede ser útil para un cliente con unas necesidades de inversión sencillas, pero a medida que estas necesidades se vuelven complejas (seguros, rentas, planes de pensiones, seguridad social, gestión del patrimonio…) la capacidad de los RA para atenderlas se reduce, puesto que es necesario otro tipo de asesoría más flexible.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta el aspecto emocional de invertir, y es que en momentos de incertidumbre e inestabilidad en el mercado, el inversor suele tener la necesidad de conversar con su asesor. Se prevé que como solución surgirán en el futuro híbridos que combinen la tecnología de los RA con la ayuda de asesores financieros a través de teléfono y video.



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La evolución del dinero a lo largo de la historia.


La palabra “dinero” proviene del latín, “denarium”, que era una moneda que utilizaban los romanos para sus actividades comerciales. Esta moneda era de plata y su valor era similar al dracma griego.



Sin embargo, lo que realmente se entiende por dinero es todo aquello con lo que podemos adquirir bienes y servicios y que cumple con cuatro funciones:

1. Unidad de medida que nos permita calcular el valor de las cosas.

2. Medio de pago de deudas y tributos

3. Medio de cambio para llevar a cabo transacciones comerciales.

4. Reserva de bienes para ahorrar y atesorar riqueza.

La economía y las transacciones comerciales existían ya mucho antes que la moneda y se llevaban a cabo a través del sistema de trueque. El sistema de trueque se basaba en el intercambio de mercancía. Esta mercancía consistía normalmente en la producción excedentaria de los diferentes pueblos: lo que uno tenía y no necesitaba, lo cambiaba por aquello que el otro tenía y le sobraba.

El pueblo fenicio solía practicar el “trueque mudo”, una forma original de llevar a cabo una negociación de intercambio en la que vendedores y compradores no entraban en contacto. Cuando los fenicios se aproximaban a las costas de otro pueblo, éstos dejaban sus productos en la playa y volvían a sus embarcaciones. Allí esperaban a que los habitantes se acercasen, colocasen junto a los productos fenicios la mercancía que ellos considerasen oportuna y se retirasen. Entonces los fenicios volvían a la playa, si el precio les parecía adecuado, realizaban el intercambio, si no, volvían a sus barcos a esperar otra oferta.

A medida que la actividad comercial se iba desarrollando y creciendo, se percibían, en el sistema de trueques, una serie de inconvenientes: en primer lugar, la dificultad residía en encontrar a alguien dispuesto a intercambiar la mercancía deseada, es decir, si un artesano que fabricase sandalias quería comprar pan, entonces necesitaba encontrar a un panadero que necesitase sandalias.

En segundo lugar, resultaba complicado calcular con exactitud el valor de las cosas: ¿Qué vale más, un cerdo o una vaca? ¿Vale lo mismo una lanza que una red de pesca?

Para solucionar estos problemas se buscaron bienes de referencia que facilitasen las condiciones del intercambio. Así, los precios de las mercaderías se establecerían en base a ese bien de referencia. Los primeros bienes de referencia fueron el trigo y el ganado, estos bienes facilitaban el intercambio ya que eran bienes útiles y eran aceptados por la mayoría de los hombres. Sin embargo, estos bienes tenían sus limitaciones, pues era necesario que el bien de referencia fuese fácil de transportar y de almacenar, y sobretodo, debía ser divisible.

De esta forma, en el mundo antiguo fueron surgiendo otros bienes de referencia más prácticos: conchas, marfil, sal… De hecho, la palabra “salario” procede de la época de la antigua Roma, en la que a los soldados se les pagaba con sal.

Las primeras monedas surgieron en tres lugares diferentes: en Grecia (la actual Turquía), y en China, durante el siglo VII a.C. En la India sugirían algo más tarde, hacia el 400 a.C. Las monedas griegas estaban hechas de electro, una aleación de oro y plata. En ellas aparecía su valor en peso, así como la firma del emisor. En China, de acuerdo con una antigua leyenda, en el sigo VII a.C. el príncipe Huan, en la víspera de una dura batalla, autorizó a sus soldados a utilizar sus cuchillos metálicos para el pago de multas por pequeños delitos, convirtiéndose así en una forma de dinero. Los tao bi (moneda cuchillo) evolucionaron pronto a auténticas monedas al recibir las marcas de garantía del Estado, siendo una de las formas mas emblemáticas de dinero en las zonas norte y este de China.

Poco después fueron surgiendo monedas en otras partes, pues el acuñamiento de monedas se extendió de forma veloz. Al contrario que las monedas de electro, éstas eran de oro, plata, bronce o latón y su valor dependía del peso y del material con el que estuviesen hechas. En cuanto a la forma, la más habitual, sobretodo en nuestra cultura occidental, es la redonda. Sin embargo, ha habido monedas de todas formas: cuadradas, rectangulares, ovaladas, piramidales… Por ejemplo, los larines de Ceilán (actual Sri Lanka) consistían en pequeñas varillas de plata dobladas en forma de horquilla.

Aunque en el mundo árabe, durante el siglo X, ya contaban con letras de cambio, surgidas debido a la problemática que presentaba el tipo de cambio en las transacciones internacionales, y como forma de asegurarse el poder cobrar las deudas, es durante el siglo XV cuando surgen en Europa los billetes a la orden. Éstos consistían en órdenes de pago que posteriormente dieron lugar al cheque. Los billetes a la orden otorgaban al portador una mayor seguridad, ya que impedían que éste tuviese que trasladarse de un lugar a otro transportando dinero, de esta manera se evitaban pérdidas, robos...

Si bien el primer país que emitió billetes de banco fue China, el papel moneda surge en Europa a mediados del siglo XVII, concretamente en Suecia, de la mano de Johan Palmstruch, fundador del Banco de Estocolmo. Este los entregaba como resguardo a quienes depositaban oro o plata en dicho banco. Es decir, el portador del billete tenía el derecho de recibir del banco la cantidad en oro o plata que en él se indicaba. Los billetes llegan a España en el siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III.

Los bancos realizaban sus emisiones de billetes manteniendo un equilibrio entre el dinero que emitían y las reservas de oro y plata que poseían en sus cajas fuertes. De esta forma desde el siglo XVII hasta 1870 se sigue un patrón bimetálico, es decir, los billetes podían convertirse en oro y en plata. Sin embargo, a partir de 1870 se instaura el patrón oro, que ya había sido modelizado por David Hume en 1752. Con el patrón oro, cualquier ciudadano podía convertir su papel moneda en una cantidad de oro prefijada.

Fue la I Guerra Mundial la que acabó con el sistema de patrón oro, seguida de la crisis de 1929 y de la II Guerra Mundial, tras la cual, se firma el pacto de Bretton-Woods, en el que se establece un nuevo sistema financiero mediante el cual todas las monedas eran convertibles en dólares estadounidenses, y sólo el dólar era convertible en oro para los gobiernos extranjeros.

Pero en 1971 la situación económica estadounidense, unida a la guerra de Vietnam, provocó que los bancos centrales europeos trataran de convertir sus dólares en oro, lo que creó una crisis financiera en Estados Unidos. Es por ello que el 15 de agosto de 1971 Nixon suspende la convertibilidad del dólar en oro.

En la actualidad el dinero que utilizamos es dinero fiduciario, esto quiere decir que no está respaldado por ningún metal precioso, ni tiene valor como mercancía. Su uso se basa en la confianza de que va a ser aceptado por todos los miembros de la sociedad como medio de pago, dado que la autoridad monetaria (en nuestro caso, el Banco Central Europeo) garantiza que la oferta será limitada. En caso de que esta confianza desaparezca, entonces el billete ya no servirá de nada.




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El valor del dinero en el tiempo.




El valor del dinero en el tiempo es el más importante de todos los principios financieros. Sin él, la mayor parte de las finanzas no tendrían sentido. Se trata de un concepto que no debería pasar desapercibido en el mundo financiero y sin embargo, es desconocido para muchos pequeños empresarios.

 

 

Este principio se puede resumir en: un euro de hoy vale más que un euro de mañana. Esta expresión hace referencia a que el valor de una unidad monetaria va menguando a medida que pasa el tiempo. De esta forma, podemos ver que actualmente con 100 euros no podemos comprar todo lo que podíamos comprar hace 10 años con la misma cantidad de dinero.

Esto es debido a múltiples factores como:
1) La inflación. Es el aumento sostenido del nivel general de precios durante un período de tiempo, que generalmente suele ser de un año. Si los precios suben y nuestro nivel de renta se mantiene constante, nos encontramos con que nuestro poder adquisitivo se ve reducido.

2) El coste de oportunidad de llevar a cabo una inversión determinada. Si tenemos una cantidad de dinero que no tenemos previsto utilizar, guardado en casa, entonces estaremos incurriendo en unos costes de oportunidad. Esto se debe a que existe la alternativa de obtener una rentabilidad invirtiendo ese dinero, por ejemplo, en Bonos del Estado, en lugar de mantenerlo de forma ociosa mientras éste pierde valor conforme pasa el tiempo. Al invertir, estamos cobrando unos intereses por “alquilar” nuestro dinero.

Además, a la hora de realizar una inversión, nos interesará que la rentabilidad obtenida esté por encima de la inflación, ya que la diferencia entre la rentabilidad obtenida y la tasa de inflación es igual a la renta generada por la inversión.

3) El riesgo que conlleva el hecho de llevar a cabo una inversión, ya que no tenemos una certeza absoluta de que vayamos a recuperar el capital invertido.

Todos estos factores se miden a través del interés monetario. El interés monetario es el precio del dinero, que en nuestra economía viene dado por el Banco Central Europeo. De esta forma, cuando nos dan un préstamo, pagamos unos intereses por el uso de una cantidad de dinero durante un período de tiempo determinado.

En finanzas, podemos interpretar el tipo de interés como la retribución que le devuelve el capital invertido al inversor, de forma que compense la disminución del valor del dinero durante el tiempo transcurrido, cubra el riesgo asumido por el inversor y pague el “alquiler” del dinero.

Cuando hablamos de tipo de interés (o tasa de interés) hacemos referencia a la relación entre los intereses generados y el montante del capital. Por lo tanto, el tipo de interés es el porcentaje que se espera recibir o pagar por el uso del dinero durante un período de tiempo.

Supongamos que nos ofrecen dos opciones: 

1)Disponer de 1.000 euros ahora.
2)Disponer de 1.000 euros el año que viene.
En este caso la decisión a tomar es sencilla: escogeríamos la primera opción, ya que 1.000 euros de hoy van a valer más que 1.000 euros del año que viene.
Supongamos ahora que tenemos que escoger entre otras dos opciones:  

1) Disponer de 1.000 euros ahora.
2) Disponer de 1.500 euros el año que viene.

En este caso, al ser cantidades diferentes referidas a distintos momentos de tiempo, no podemos compararlas, por lo que la decisión ya no es tan fácil.

Por un lado, si esperamos un año para recibir el dinero, entonces obtendríamos una rentabilidad a mayores del 50% (obtendríamos 1.500 en lugar de 1.000 euros).

Por otro lado, si recibimos el dinero hoy, no sabemos cuánto dinero podremos obtener al cabo de un año en caso de invertirlo, por lo que cabe la posibilidad de que la primera opción sea más rentable que la segunda.
Para poder tomar la decisión adecuada es preciso trasladar una de las magnitudes al momento de la otra para así poder compararlas. Esto lo podemos hacer de dos maneras: bien calculamos cuántos euros del año que viene son 1.000 euros de ahora, con lo que estaríamos llevando a cabo una operación de capitalización, o bien, podríamos calcular cuantos euros de ahora son 1.500 euros del año que viene a través de una operación de actualización o descuento de capital.
Para poder realizar estos cálculos necesitaremos saber cuál es el tipo de interés. Supongamos que el interés es del 12%.

Si realizamos una operación de actualización: 1.500/(1 + 0,12)¹= 1.339’28 euros. Esto quiere decir que 1.500 euros del año que viene son 1.339’28 euros de hoy.

Llevando a cabo una operación de capitalización obtenemos que: 1.000 * (1 + 0,12)¹= 1.120 euros. Esto quiere decir que 1.000 euros de hoy valen 1.120 euros de mañana.

Los cálculos realizados nos llevarán a escoger la segunda opción, ya que si obtenemos 1.000 euros ahora y los invertimos a un interés del 12%, generaríamos solamente una rentabilidad de 120 euros.

Por otra parte 1.500 euros del año que viene son 1.339,28 euros de hoy, cantidad mayor a los 1.000 euros actuales de la primera opción.


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Ikea Ibérica reparte 13 millones de euros en concepto de incentivos.



Ikea reparte 13 millones de euros a sus empleados de España al ver cumplidos sus objetivos.

Ikea ha visto aumentadas sus ventas en un 8% y ha conseguido una facturación de 1.384 millones de euros durante el último ejercicio fiscal. Al ver cumplidos sus objetivos, y en agradecimiento a la plantilla por su contribución a los resultados de la entidad, la compañía sueca ha decidido repartir entre sus trabajadores en España, donde cuenta con unos 8.150 empleados, un extra de 13 millones de euros.

 




El director de recursos humanos de Ikea Ibérica, Enrique Puig, afirma que “por tercer año consecutivo crecemos en número de trabajadores y solo con el trabajo de todos podemos conseguir resultados tan positivos como los que venimos registrando. Esta es la forma en que la compañía, por deseo expreso del fundador, nos agradece lo que aportamos cada día, pero también pone en valor lo que significamos para el presente y futuro de la compañía”. 

Estos incentivos se reparten bajo los programas “One Ikea Bonus” y “Tack”, ambos puestos en marcha hace 3 años. A través del primero, se reparten beneficios a los empleados que llevan trabajando en la empresa, de forma ininterrumpida, al menos 6 meses, siempre y cuando se llegue a conseguir ciertos objetivos financieros. Serán 5.822 empleados los que se beneficien de este programa bajo el cual la firma repartirá 10,2 millones de euros.


Mediante el programa “Tack”, que significa “gracias” en sueco, se realizan aportaciones anuales en los planes de pensiones individuales de los trabajadores que llevan en la empresa al menos 5 años consecutivos. Este programa supondrá un total de 3 millones de euros a repartir entre 4.959 empleados.
 

Estas recompensas serán exactamente iguales para todos los empleados, independientemente del trabajo que desempeñen y de su posición dentro de la estructura jerárquica de la empresa, ya que el criterio para que un empleado cobre el extra atenderá simplemente al periodo de permanencia del trabajador en la entidad.


Estos programas de incentivos no resultan una novedad para la compañía, ya que han sido puestos en marcha hace 3 años. En 2015, Ikea Ibérica repartió entre sus empleados unas pagas extra que en total sumaban un importe de 12’5 millones de euros.

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