La evolución del dinero a lo largo de la historia.


La palabra “dinero” proviene del latín, “denarium”, que era una moneda que utilizaban los romanos para sus actividades comerciales. Esta moneda era de plata y su valor era similar al dracma griego.



Sin embargo, lo que realmente se entiende por dinero es todo aquello con lo que podemos adquirir bienes y servicios y que cumple con cuatro funciones:

1. Unidad de medida que nos permita calcular el valor de las cosas.

2. Medio de pago de deudas y tributos

3. Medio de cambio para llevar a cabo transacciones comerciales.

4. Reserva de bienes para ahorrar y atesorar riqueza.

La economía y las transacciones comerciales existían ya mucho antes que la moneda y se llevaban a cabo a través del sistema de trueque. El sistema de trueque se basaba en el intercambio de mercancía. Esta mercancía consistía normalmente en la producción excedentaria de los diferentes pueblos: lo que uno tenía y no necesitaba, lo cambiaba por aquello que el otro tenía y le sobraba.

El pueblo fenicio solía practicar el “trueque mudo”, una forma original de llevar a cabo una negociación de intercambio en la que vendedores y compradores no entraban en contacto. Cuando los fenicios se aproximaban a las costas de otro pueblo, éstos dejaban sus productos en la playa y volvían a sus embarcaciones. Allí esperaban a que los habitantes se acercasen, colocasen junto a los productos fenicios la mercancía que ellos considerasen oportuna y se retirasen. Entonces los fenicios volvían a la playa, si el precio les parecía adecuado, realizaban el intercambio, si no, volvían a sus barcos a esperar otra oferta.

A medida que la actividad comercial se iba desarrollando y creciendo, se percibían, en el sistema de trueques, una serie de inconvenientes: en primer lugar, la dificultad residía en encontrar a alguien dispuesto a intercambiar la mercancía deseada, es decir, si un artesano que fabricase sandalias quería comprar pan, entonces necesitaba encontrar a un panadero que necesitase sandalias.

En segundo lugar, resultaba complicado calcular con exactitud el valor de las cosas: ¿Qué vale más, un cerdo o una vaca? ¿Vale lo mismo una lanza que una red de pesca?

Para solucionar estos problemas se buscaron bienes de referencia que facilitasen las condiciones del intercambio. Así, los precios de las mercaderías se establecerían en base a ese bien de referencia. Los primeros bienes de referencia fueron el trigo y el ganado, estos bienes facilitaban el intercambio ya que eran bienes útiles y eran aceptados por la mayoría de los hombres. Sin embargo, estos bienes tenían sus limitaciones, pues era necesario que el bien de referencia fuese fácil de transportar y de almacenar, y sobretodo, debía ser divisible.

De esta forma, en el mundo antiguo fueron surgiendo otros bienes de referencia más prácticos: conchas, marfil, sal… De hecho, la palabra “salario” procede de la época de la antigua Roma, en la que a los soldados se les pagaba con sal.

Las primeras monedas surgieron en tres lugares diferentes: en Grecia (la actual Turquía), y en China, durante el siglo VII a.C. En la India sugirían algo más tarde, hacia el 400 a.C. Las monedas griegas estaban hechas de electro, una aleación de oro y plata. En ellas aparecía su valor en peso, así como la firma del emisor. En China, de acuerdo con una antigua leyenda, en el sigo VII a.C. el príncipe Huan, en la víspera de una dura batalla, autorizó a sus soldados a utilizar sus cuchillos metálicos para el pago de multas por pequeños delitos, convirtiéndose así en una forma de dinero. Los tao bi (moneda cuchillo) evolucionaron pronto a auténticas monedas al recibir las marcas de garantía del Estado, siendo una de las formas mas emblemáticas de dinero en las zonas norte y este de China.

Poco después fueron surgiendo monedas en otras partes, pues el acuñamiento de monedas se extendió de forma veloz. Al contrario que las monedas de electro, éstas eran de oro, plata, bronce o latón y su valor dependía del peso y del material con el que estuviesen hechas. En cuanto a la forma, la más habitual, sobretodo en nuestra cultura occidental, es la redonda. Sin embargo, ha habido monedas de todas formas: cuadradas, rectangulares, ovaladas, piramidales… Por ejemplo, los larines de Ceilán (actual Sri Lanka) consistían en pequeñas varillas de plata dobladas en forma de horquilla.

Aunque en el mundo árabe, durante el siglo X, ya contaban con letras de cambio, surgidas debido a la problemática que presentaba el tipo de cambio en las transacciones internacionales, y como forma de asegurarse el poder cobrar las deudas, es durante el siglo XV cuando surgen en Europa los billetes a la orden. Éstos consistían en órdenes de pago que posteriormente dieron lugar al cheque. Los billetes a la orden otorgaban al portador una mayor seguridad, ya que impedían que éste tuviese que trasladarse de un lugar a otro transportando dinero, de esta manera se evitaban pérdidas, robos...

Si bien el primer país que emitió billetes de banco fue China, el papel moneda surge en Europa a mediados del siglo XVII, concretamente en Suecia, de la mano de Johan Palmstruch, fundador del Banco de Estocolmo. Este los entregaba como resguardo a quienes depositaban oro o plata en dicho banco. Es decir, el portador del billete tenía el derecho de recibir del banco la cantidad en oro o plata que en él se indicaba. Los billetes llegan a España en el siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III.

Los bancos realizaban sus emisiones de billetes manteniendo un equilibrio entre el dinero que emitían y las reservas de oro y plata que poseían en sus cajas fuertes. De esta forma desde el siglo XVII hasta 1870 se sigue un patrón bimetálico, es decir, los billetes podían convertirse en oro y en plata. Sin embargo, a partir de 1870 se instaura el patrón oro, que ya había sido modelizado por David Hume en 1752. Con el patrón oro, cualquier ciudadano podía convertir su papel moneda en una cantidad de oro prefijada.

Fue la I Guerra Mundial la que acabó con el sistema de patrón oro, seguida de la crisis de 1929 y de la II Guerra Mundial, tras la cual, se firma el pacto de Bretton-Woods, en el que se establece un nuevo sistema financiero mediante el cual todas las monedas eran convertibles en dólares estadounidenses, y sólo el dólar era convertible en oro para los gobiernos extranjeros.

Pero en 1971 la situación económica estadounidense, unida a la guerra de Vietnam, provocó que los bancos centrales europeos trataran de convertir sus dólares en oro, lo que creó una crisis financiera en Estados Unidos. Es por ello que el 15 de agosto de 1971 Nixon suspende la convertibilidad del dólar en oro.

En la actualidad el dinero que utilizamos es dinero fiduciario, esto quiere decir que no está respaldado por ningún metal precioso, ni tiene valor como mercancía. Su uso se basa en la confianza de que va a ser aceptado por todos los miembros de la sociedad como medio de pago, dado que la autoridad monetaria (en nuestro caso, el Banco Central Europeo) garantiza que la oferta será limitada. En caso de que esta confianza desaparezca, entonces el billete ya no servirá de nada.




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