A España le sale más caro financiarse en el mercado que acogerse al rescate

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El ciego e incorregible optimismo del presidente José Luis Rodríguez Zapatero es peligrosamente contagioso. Desde este martes se suceden las informaciones desenfocadas que aseguran que la presión del mercado sobre España se relaja, lo que da una sensación falsa de mejoría.

En realidad, el enfermo ya no está al borde del colapso simultáneo del conjunto de sus órganos vitales, sino de que le fallen uno o dos, que también es para echarse a temblar.

Lo cierto es que la deuda española necesita, para ser aceptada en el mercado secundario, ofrecer una rentabilidad más elevada que los intereses que en este momento Grecia y Portugal están pagando a Europa a cambio de ser rescatadas de sendas quiebras inminentes. E igual de cara que el interés impuesto como castigo a Irlanda.

Rentabilidad disparada

Aún con el mercado menos excitado que al inicio de esta semana, la rentabilidad que se exigía al bono español a diez años se elevaba al 5,69% este miércoles por la mañana, y al 5,82% a media tarde. En la víspera, este termómetro había llegado a coquetear con el 6,3%.

Si nuestras autoridades públicas acudieran en estas condiciones o en un contexto similar la semana que viene a los inversores para intentar colocarles papel con vencimientos a 12 y 18 meses, y a 10 y 15 años -tal y como está previsto a día de hoy-, estarían corriendo el riesgo de arrastrarnos a un suicidio colectivo.

La coyuntura cambiaría a mejor si los resultados de los test de estrés bancarios que se publicarán el viernes arrojan, por lo que respecta a los bancos y las cajas de ahorros españolas, calificaciones que no fueran peores que lo descontado por el mercado. Y si este fin de semana, los Gobiernos de Eurolandia -los 17 países que comparten el euro como moneda única- pactasen por fin un remedio válido a corto, medio y largo plazo para reflotar Grecia y detener toda posibilidad de contagio tanto a España como a Italia.

Intereses de castigo

Gracias a la intervención para evitar su bancarrota, Grecia está pagando de media un interés de aproximadamente el 4,2% al mecanismo de rescate que se improvisó únicamente para ella en primavera de 2010. Los préstamos comenzaron al 5,2%, pero esta primavera los países de la zona euro aceptaron rebajarlos un punto porcentual para no asfixiar a Atenas.

El elevado precio inicial exigido por Berlín era un castigo y una advertencia a los demás. Los intereses que exige el fondo de rescate deben volver a abaratarse en breve. Así lo pactaron este lunes por la noche en Bruselas los ministros de Economía y Finanzas de la zona euro. De modo que incluso se podrían colocar por debajo del 4%. Pero no hay que perder de vista que las subidas del precio del dinero decretadas por el Banco Central Europeo (BCE) tienden a no dejar a nadie inmune.

Hay que añadir que el tramo de la ayuda prestada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), alrededor de un tercio del total, es con intereses que rondan el 3%, la mitad de lo que exigen los inversores privados en el mercado secundario a la deuda española.

De ese descuento también se beneficia Portugal, cuyo rescate al principio le exigía unos intereses de entre el 5,5 y el 6%. A Irlanda aún no se le ha aplicado el descuento, porque París le sigue presionando para que suba su impuesto sobre sociedades. Dublín paga alrededor de un 5,8%: prácticamente lo mismo que exige el mercado secundario por el papel español. Pero los irlandeses al menos tienen la ventaja de estar sometidos a una rentabilidad más predecible, menos sujeta a sustos y volatilidades de los mercados.

¿Un lujo?

Negarse a pedir el rescate empieza a convertirse, como ocurrió con Grecia, Irlanda y Portugal, en un lujo que la atribulada España y sus contribuyentes quizás ni puedan ni deban permitirse. Zapatero, según señalan ya algunos expertos, no tiene derecho a hacer, como su correligionario portugués Sócrates, que el contribuyente pague más de lo necesario para financiar al Estado. Yo, presidente, invito y tú, españolito de a pie, pagas.

El Gobierno debería calcular si al Estado no le sale a cuenta que aparque su orgullo y pida el lunes que viene, a Europa y al FMI, que nos rescaten. Salvo que los jefes de Estado o de Gobierno de los 17 países de la zona euro sean capaces de pactar una solución contundente este fin de semana que ponga coto a la crisis de la divisa única.

Zapatero daría a su reputación el tiro de gracia. España podría quedar estigmatizada ante los inversores a medio plazo. Las reformas económicas y ajustes presupuestarios ya están mediatizados por los dictados de Bruselas, Fráncfort y Washington.

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