Morosidad, espionaje, deuda... lo que acosa a la pyme y cómo protegerse


La empresa opera en un entorno hostil. Esto es algo de lo que se da cuenta el emprendedor desde el minuto cero. Además del competitivo, existe un entorno de obstáculos más cotidianos que pueden darse en cualquier momento y ante los que el empresario puede actuar de forma instintiva o de la mano de los consejos más profesionales.

Hemos reunido algunos de ellos para dar respuesta a las amenazas más directas y habituales para las pymes.

Deuda creciente

Una de las peores amenazas que puede cernirse sobre las empresas es el sobreendeudamiento. Puede convertirse en un círculo vicioso: la empresa con abultada deuda disuade a quienes tienen capital para invertir, algo que precisamente le vendría muy bien a esa misma empresa para obtener liquidez.

"La excesiva exposición a deuda pone a la empresa en una situación muy difícil, a no ser que esté justificado. En ese caso es complicado encontrar capital en el mercado: los fondos que existen son muy restrictivos a la hora de evaluar estos proyectos", explica Enrique Bujidos, socio en PwC. A la empresa le queda la refinanciación: "Buscar con el banco un plazo más adecuado a lo que la empresa es capaz de generar".

Y lo mejor que se puede hacer en esos casos "es amoldarse a la nueva situación y hasta pedir un esfuerzo adicional a sus proveedores para flexilibizar pagos".

Morosidad

Cuando ésta sobreviene conviene analizar en primer lugar a qué tipo de moroso nos enfrentamos. Los hay intencionales, malos pagadores que retrasan el pago de la factura; de buena fe, aquéllos que no pueden hacer frente a sus pagos por problemas transitorios de liquidez, y los hay que incurren en mora por una cuestión de incompetencia, de mala organización y por no disponer de los procedimientos adecuados para hacer frente a los pagos.

Preocupan, sobre todo, los primeros. El experto en Morosología Pere J. Brachfeld aconseja al detectar la primera señal de alarma: "Reducir el riesgo; seguir vendiendo al deudor sólo al contado; solicitar algún tipo de garantía e iniciar un procedimiento de reclamación resolutivo". Además, y de forma preventiva "hacer figurar en la factura y de forma clara los vencimientos y condiciones de pago".

Espionaje empresarial

Sustracción de documentos confidenciales, venta de secretos empresariales, fuga de talentos... el espionaje empresarial está a la orden del día y puede suponer más que un quebradero de cabeza a las víctimas. Y es que los intrusos, que pueden ser muchas veces hasta los propios empleados, pueden usurpar diseños industriales, fórmulas, sistemas de fabricación, know how estratégico, así como hacerse con información sensible como lanzamiento de productos, estrategias, contrataciones de personal...

Se pueden tomar precauciones: destruir documentos confidenciales (hay empresas que se dedican a esto de forma profesional); evitar conversaciones de trabajo en entornos relajados, lo que se da en llamar reuniones peligrosas, y algo tan sencillo como saber quién entra en la empresa, desde personal hasta becarios pasando por encargados de limpieza.

Virus informáticos

Las principales vías de entrada de los virus informáticos son Internet y la recepción de e-mails. Hay unas precauciones muy básicas. Por ejemplo, desconfiar de aquellos mensajes de correo con ficheros anexos que dan instrucciones para instalar nuevos programas o versiones modificadas de otros existentes. Suele ser la vía más usada de introducción de virus en nuestro sistema.

Y mucha atención al phising, una técnica por la que se obtiene información confidencial simulando la identidad de una web oficial.

Caída de ventas

En una coyuntura favorable, puede que los productos o servicios que ofrece una empresa obtengan el favor rápido del cliente al que se dirigen. Cuando la crisis aprieta es más complicado. Es entonces cuando hay que desplegar las técnicas más clásicas de captación y fidelización. Es por ejemplo muy importante escuchar de verdad al cliente. Ahí está la información que se necesita para orientar la venta.

Hay que tener en cuenta que ahora éste llega al comercio con una idea más clara de lo que quiere que antes, porque sus recursos son limitados. Y un consejo de comunicación interpersonal: para convencer, hay que transmitir tranquilidad. La tensión le quita fuerza al mensaje.

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