De la ciudad al campo: la aventura de emprender negocios en un pueblo


Virginia Romero trabajaba en un bufete de abogados en Madrid. "Cuando tenía que hacer alguna gestión en la Seguridad Social, me tiraba mañanas enteras", recuerda, "por no hablar de lo que tardaba en ir de un sitio a otro". Hoy, cada vez que necesita acudir a una institución pública para realizar un trámite "apenas tengo dos personas delante en la cola. Ahora hago el doble de trámites en la mitad de tiempo que antes".

La razón del cambio está en que Romero aceptó la propuesta de su jefe de abrir una delegación en Jaraiz de la Vera, un pueblo de Cáceres de menos de 10.000 habitantes, donde esta abogada vivía antes de marcharse a la capital. "Mi intención era seguir trabajando en Madrid, pero hicimos un estudio en la zona (de Jaraiz) y vimos que había mercado en la comarca. Así que me instalé en el pueblo". Ahora dice que no realizaría el camino inverso.

"He ganado calidad de vida".

Su caso no es único. De hecho, según los expertos consultados, regresar de la ciudad al campo para emprender un negocio es una oportunidad para combatir la crisis. "El ámbito rural español tiene mucho que ofrecer", explica Alicia Coduras, experta en creación de empresas del IE Business School: "Hay que animar a la gente a que se forme en la ciudad y vuelva a los municipios pequeños, ahora que ofrecen nuevos negocios".

Además, "en relación a la inversión es más barato encontrar un local", añade Romero. Buscando estas posibilidades rurales, las hermanas Paloma y Pilar Martín, junto a su socia Esther Torrado, decidieron montar una peluquería en Alpedrete, un pequeño municipio de la Comunidad de Madrid. "No nos conocía nadie cuando llegamos, y creo que por eso, por la curiosidad de no conocernos, nos han aceptado en el pueblo", señala Paloma Martín.

Confianza local

Para estas tres emprendedoras llegar a un pueblo desde otra localidad les supuso un valor añadido. Sin embargo, dentro de las áreas rurales ser conocido "es una ventaja", matiza Jorge Alarcón, propietario de un supermercado desde hace 16 años. "En un pueblo la clientela es más fiel y generar confianza es fundamental, sobre todo si tienes una carnicería o una pescadería. Tienes una clientela fija, pero con la crisis sí que se nota que compran menos". En cualquier caso, Alarcón tiene claro que "si tuviera que montar de nuevo un negocio, lo haría en un pueblo. Salgo a las dos de la tarde y a las dos y cinco estoy comiendo en mi casa".

Coduras señala que ese carácter de confianza local y el establecimiento de un público consumidor fijo hace que los negocios de los pueblos sean más resistentes ante la crisis que en las ciudades, donde por otro lado la competencia también es mayor. "Mientras el poder adquisitivo de esta clientela se mantenga, les irá bien".

Coduras, que ha participado en el observatorio GEM para medir la actividad emprendedora, ha notado que ésta "resiste mejor frente a la crisis en los municipios de menos de 5.000 habitantes".

La Castellana rural

Incluso en comarcas con poblaciones de menos de 1.000 habitantes se observa este fenómeno de trasvase industrial hacia el medio rural. "Aquí hay empresas que están viniendo a la zona", apunta Ricardo Lop, presidente de la Asociación de Empresarios de la Comarca del Mezquín, en Teruel. "Son sobre todo compañías que venden por Internet", añade.

Una de ellas es la suya, Aceros de Hispania. "Fuimos la primera tienda online de Teruel. Para este tipo de empresas el medio rural es un buen sitio, porque los alquileres son más baratos y para un comprador de Moscú da igual que tú estés en un pueblo o en una oficina del Paseo de la Castellana de Madrid. Si tienes una empresa que vende sólo por Internet, ganarás más en un pueblo, porque las compañías de transportes ya llegan a todas partes". "Es un paso lógico", dice la experta Coduras, teniendo en cuenta los costes del medio rural. Por eso, volver al campo puede ser una aventura rentable.

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