¿Quiere entender esta crisis? Haga el camino de Santiago


El Camino de Santiago es una metáfora de las nuevas consignas que nos llegan desde la otra orilla del Atlántico: sobriedad y frugalidad, como antítesis de la carrera del consumismo exasperado a la que ha puesto fin la gran crisis. Lo hemos hecho para comprobarlo.

La primera lección es: prescindir, prescindir y prescindir. Sacar cosas de la mochila, porque se camina mejor cuando se va ligero. Prescindir de todas esas cosas que en casa nos parecen esenciales, pero que en los campos solitarios de La Rioja o de Castilla aprendemos a considerar inútiles.

Cuanto más nos sumergimos en el camino, más valor damos a las cosas auténticas que nos hacen crecer. Igual que en la post gran crisis, donde habrá menos espacio para el crecimiento basado en valores y fundamentos efímeros.

El Camino de Santiago como innovación en el producto: en el Albergue de Peregrinos de Cizur Menor, justo a la salida de Pamplona, te untan los pies con Vicks VapoRub (usado por generaciones de madres como expectorante para las toses y los resfriados): "Ya verás -te dicen- como así vas más fresco". Y te meten compresas higiénicas en las botas para evitar los roces que originan ampollas.

Ideas que han funcionado siempre, al perfecto estilo post gran crisis: el uso de productos de sectores maduros para nuevas exigencias, una investigación que ha caracterizado a áreas enteras del nordeste y que cobrará cada vez más importancia en la nueva economía.

Nuevas actitudes

El Camino de Santiago como actitud frente a la gran crisis: es el caso de aquel directivo de una gran casa de modas que empezó el camino sintiéndose en la obligación de explicarle a todo el mundo que él estaba con nosotros, que quedara claro, sólo para hacer un poco de trekking, sin implicaciones espirituales o religiosas.

Pero a los pocos días empezó a escuchar a los demás, en la quinta etapa hizo ese gesto un poco anticuado de entrar en una solitaria oficina de correos para mandar a casa todos esos cachivaches electrónicos ultrasofisticados de los que parecía que nunca sería capaz de prescindir y el séptimo día lo vimos lavar, dándose muy poca maña, su ropa interior. Igual que los demás peregrinos.

Actitud 'pre gran crisis'

El Camino como actitud anticuada, propia de la pre gran crisis. Como esos peregrinos que siempre están echando la culpa a los demás: en el camino no había suficientes señales, el personal de los restaurantes era maleducado, las botas no eran las más adecuadas. Caminan de mala gana, tarde o temprano se rendirán y, en cualquier caso, no tendrán tiempo de sumergirse verdaderamente en el camino.

Se encuentra uno de todo en el Camino. También a esos fanáticos que cronometran sus actuaciones como marchadores para poder presumir de que han recortado algún minuto en una etapa. Reducen el Camino a carreras, masajes, material hipertécnico y alimentación programada al milímetro.

Algo ridículo, como esos que han basado su actuación durante la pre gran crisis en dar órdenes bursátiles en el último segundo, sin un mínimo análisis de los datos que figuraban en los balances. O como los consejeros delegados obsesionados con los resultados trimestrales, sin tiempo, o sin capacidad, de pensar en estrategias sólidas a largo o medio plazo.

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