Área Gestión Empresarial - IECS

ÁREA GESTIÓN EMPRESARIAL, MBA Y COMERCIO INTERNACIONAL DEL INSTITUTO EUROPEO CAMPUS STELLAE
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La valoración de la salida a bolsa de Google.


En abril de 2004 Google, el primer buscador de Internet a nivel mundial, anunció sus planes para el lanzamiento de una Oferta Pública de Venta. Más que vender acciones a un precio fijo, Google propuso subastarlas a los inversores. Las acciones serían adjudicadas a los inversores que estuviesen preparados para pagar más, pero todos aquellos que recibiesen las acciones pagarían el mismo precio por ellas.


                   



La popularidad de la sofisticada tecnología de búsqueda de Google provocó un gran interés en la salida de las acciones y los inversores y sus asesores comenzaron a debatir en cuánto estarían valoradas las acciones.

La propuesta preliminar de Google sugería un valor de entre 108 y 135 dólares por acción, con lo que el patrimonio neto tendría un valor de entre 29 y 36 miles de millones.

Si las acciones de Google fuesen vendidas a esos precios, el precio de cada acción sería más de 100 veces su rendimiento.

Claramente un precio por acción de 108 dólares o más no podría ser justificado con una oleada de ingresos generados por los activos existentes. Esto solo tendría sentido si los inversores creyesen que Google tendría valiosas oportunidades de crecimiento que permitirían ganar altos rendimientos en inversiones futuras. “The Wall Street Journal” publicó: “Seguramente, la compañía esté ganando dinero a manos llenas, y tenga jugosos márgenes y beneficios que se expanden rápidamente. Pero, a la larga, Google probablemente tendrá que demostrar que puede continuar elaborando nuevas formas de sacar provecho a su posición dominante en el negocio de la búsqueda en Internet.”

Es notoriamente difícil adivinar qué oportunidades futuras pueden ser aptas para una compañía de alta tecnología. Más que intentar elaborar estimaciones de crecimiento detalladas, muchos inversores simplemente compararon Google con competidores como Yahoo, cuyas acciones también estaban a la venta a un precio de aproximadamente 100 veces los últimos ingresos.

Cuando la fecha de salida se aproximaba, un número de analistas financieros expresaron cautela sobre el intervalo de precio sugerido de Google, y la empresa anunció que estaba reduciendo el número de acciones ofertadas y recortando su estimado precio de venta de 95 a 85 dólares la acción.

La subasta tuvo lugar en agosto, y después de que los inversores hubiesen presentado sus ofertas, Google anunció un precio de venta de 85 dólares, de alguna manera, por debajo del punto en el que la oferta de acciones era igual a la demanda. Parecía que los pesimistas habían tenido razón con sus críticas del intervalo de precios que Google había sugerido originalmente.

Sin embargo, una vez comenzó la venta, los inversores compraron acciones rápidamente. Las acciones salieron a la venta por 100 dólares, en cinco meses el precio había subido hasta los 200 dólares y en 2012 el precio por acción estaba en 700 dólares. A este precio, su capitalización bursátil era idéntica a la de gigantes como Procter & Gamble, cuyos ingresos eran más del doble de los de Google. Los pesimistas sostenían que esas valoraciones eran una locura, pero los optimistas respondían que Google estaba creciendo más rápido que P&G y continuaría haciéndolo. Parece que valorar el crecimiento de las acciones está lejos de ser una ciencia exacta.


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¿Sabes cuál será la nueve estructura de Google? ¿Qué haría Alphabet?

LA REBAUTIZADA EMPRESA DE GOOGLE: ALPHABET




Cuando, hace unas semanas, conocí a Larry Page, cofundador de Google, en la conferencia de la empresa para programadores, me presenté como autor del libro Y Google, ¿cómo lo haría? Page sonrió y me dijo: "¿Cómo lo haría Google? Quiero saberlo".
La verdad es que Larry Page no sabe qué es lo que hará Alphabet, su rebautizada empresa. Y en eso precisamente consiste el cambio. Esta reestructuración permite a Page, a Sergey Brin —fundador junto con él— y a su empresa librarse de las ataduras de su pasado y crear nuevos Google que todavía no han imaginado.

Para el mundo de las finanzas, los medios de comunicación, los reguladores gubernamentales y la competencia, Google seguía siendo solo un buscador. Pero lo cierto es que lleva años siendo mucho más que eso. También es, por supuesto, un gigante de la publicidad, pero con Google Mail, Drive, Maps, Waze, Android, Chrome, Calendar, Translate, YouTube y otros muchos (por no mencionar, en todas partes excepto en España, Google News), Google ha sido mucho más que una empresa de medios de comunicación. Es una empresa de servicios personales.

A diferencia de los medios de comunicación —que siguen tratándonos como una masa sin rostro y sin nombre—, Google conoce a sus usuarios como individuos, y eso es lo que le permite darles un servicio de mayor relevancia y valor (por no mencionar una publicidad más valiosa). Creo que es un ejemplo que los medios de comunicación tienen que aprender a seguir.

Y por si todo eso no fuese bastante rompedor, Google se propuso revolucionar otros sectores: la automoción, la tecnología médica, la energía, los electrodomésticos y las telecomunicaciones. Pero esa inversión en ideas visionarias desconcertaba aún más a sus observadores y preocupaba a sus inversores, que se preguntaban qué parte de los enormes beneficios de la empresa se estaba derrochando en esos esfuerzos quijotescos por resolver grandes problemas.

Ahora, con su reestructuración, Page y Brin tienen libertad para ir en pos de soluciones aún mayores. Dispondrán del efectivo y los beneficios de la empresa, ambos considerables, para emplearlos en esas iniciativas. Por fin van a poder diversificar la compañía sin preocuparse por el abrumador apoyo de la publicidad, y se ganarán el aprecio de Wall Street por añadir transparencia a sus informes financieros.

Se propuso revolucionar otros sectores: la automoción, la tecnología médica, la energía, los electrodomésticos y las telecomunicaciones

Google —el antiguo— estará dirigido por Sundar Pichai, un ejecutivo impresionante que convirtió Android y Chrome en centros neurálgicos del consumo. Ahora se le podrá premiar con el título de consejero delegado y con la autoridad y autonomía que este conlleva. Las demás empresas de Alphabet podrán estar dirigidas por consejeros delegados con un poder similar.

Existen algunos riesgos. Como me decía el periodista Mike Elgan, especializado en tecnología, Page se convierte en un capitalista de riesgo con miles de millones para invertir, y Alphabet es su Silicon Valley. Las empresas tecnológicas siempre son arriesgadas. Algunas fracasarán, pero si algunas de ellas tienen éxito, Alphabet podrá crear una compañía incluso mayor y más audazmente ambiciosa que el Google que hemos conocido.

¿Qué pensarán de esto las autoridades reguladoras, sobre todo en Europa? No estoy seguro. Por una parte, las actividades de servicios personales de Google ahora estarán limitadas a una sola empresa. Por otra, puedo imaginarme a los medios de comunicación y a los reguladores temiéndose que Google tenga pretensiones de adueñarse del mundo. Pero ese temor ya lo tenían antes. No hace mucho, Der Spiegel publicaba una portada alarmista en la que advertía de que Google y Silicon Valley están creando un "gobierno mundial".

Esta estructura también les ofrece a Page y compañía una oportunidad en su búsqueda de la paz en Europa. La rama de la empresa dedicada a las inversiones de riesgo dispone de unos fondos específicos de 100 millones de dólares anuales para invertir en el continente. Al igual que muchas multinacionales estadounidenses, la empresa posee inmensas reservas de efectivo que no quiere llevar a Estados Unidos. Es posible que Google invierta y arranque nuevas empresas en Europa, Asia, Sudamérica y África. La pregunta es qué están dispuestas a hacer esas regiones para convencer a Alphabet de que se decida a hacerlo.

Alphabet consiste en invertir en el futuro. ¿Cómo será ese futuro? ¿Dónde estará? No siquiera Larry Page lo sabe aún.

Fuente: El Pais
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