Un acuerdo que materializa lo virtual



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Con la evolución del arte en Internet se está haciendo cada día más patente la necesidad de proporcionar a los coleccionistas de obras inmateriales un conjunto de derechos y deberes que ofrezcan garantías tanto al artista como al comprador, que puede así cimentar sus convencimientos sobre lo que ha adquirido. ¿Por qué no ceñirse desde el principio a un contrato que establezca unos postulados claros sobre la compraventa de net.art? Después del contrato creado en 2012 por Rafaël Rozendaal, otros artistas como Evan Roth, ganador del National Design Award que concede el Instituto Smithsonian Cooper-Hewitt de Nueva York, han definido un protocolo para la adquisición de una obra de net.art.

 Si en la década de 1990 los pioneros del arte en la red huían de la objetificación y comercialización de sus producciones, ahora los tiempos han cambiado y muchos de estos creadores han mitigado su postura. Si en un primer momento el net.art nació como una reacción hacia un sector del arte anclado a viejos esquemas, ahora el arte inmaterial y vinculado con las nuevas tecnologías se ha convertido en una realidad y sin duda alguna en lo más novedoso del panorama contemporáneo.

En toda transacción comercial y en especial modo si se trata de obras de arte, se suele estipular un contrato y por lo general los artistas se suelen encargar personalmente de establecer sus normas de exhibición y conservación. Sin embargo cuando se comercializa una obra de net.art, no siempre es fácil definir lo que se está vendiendo y sólo ahora se empieza a reflexionar sobre los errores cometidos en las últimas dos décadas, cuando por ejemplo se establecieron prematuramente unas normas que no tenían en cuenta las responsabilidades de los compradores. Finalmente coleccionar páginas web no es lo mismo que hacerse con un lienzo y colgarlo en una pared. 

 En este sentido consideramos muy importante la reciente iniciativa de Evan Roth, un artista estadounidense afincado en París que se está convirtiendo en la punta de lanza de la escena digital, rompiendo barreras con una actitud desenfadada soportada por posturas muy activistas, que no le impiden mantener relaciones institucionales y desempeñar su actividad también en galerías convencionales. Roth, que fue galardonado en 2012 con el National Design Award, el premio nacional de diseño que concede lo Smithsonian Cooper-Hewitt National Design Museum de Nueva York, no para de recibir encargos e inaugurar exposiciones como View in Room, una monográfica que la XPO Gallery acaba de dedicarle en París.

Recientemente Evan Roth ha difundido el Website Sales Contract, algo así como un convenio comercial para obras de net.art y páginas web, estipulado con motivo de la selección de una de sus obras para la exposición OFFLINE ART: new 2, también organizada por la XPO Gallery de París.

Entonces Roth vendió blimp-on-deepskyblue.com, una pieza de su célebre serie One Gif Compositions, que se pudo ver en 2012 en la galería N2 de Barcelona. Estas piezas, que se caracterizan por ser estudios visuales sobre el movimiento, se generan a partir de una simple imagen en formato GIF que el navegador carga incesantemente desde Internet. Sin embargo, ahora no queremos centrarnos en la pieza en sí, sino en el contrato que la acompaña, donde se establecen algunas reglas básicas como vincular la obra con su dominio específico, integrando en el título la propiedad del coleccionista. 

 En el caso de blimp-on-deepskyblue.com se puede apreciar el nombre de su propietario el coleccionista Hampus Lindwall. El acuerdo, que establece unas reglas básicas para ambas partes, determina asimismo los tiempos y las normas de translación de propiedad del dominio y ofrece un certificado de autenticidad. El artista conserva la propiedad intelectual de la obra, debe destacar el propietario de la obra y está autorizado a seguir exhibiendo la pieza, mientras que el comprador, además de no poder modificar bajo ningún concepto la obra original, debe garantizar que sea accesible al público y se mantenga online

 ¿Cuál es la peculiaridad de la serie One Gif Compositions? Se trata de obras objetos, piezas digitales que surgen de la red pero que casi no ofrecen navegación y, por sus características intrínsecas, resultan muy atractivas para los coleccionistas. A partir de esta primera venta Roth ha desarrollado 10 nuevas piezas, cada una de ellas con su dominio individual, que se han presentado el pasado verano en la exposición A Tribute to Heather en el Museum of Moving Image de Nueva York.

 En realidad el contrato de Evan Roth no es una novedad, en el sentido de que surge de una modificación del célebre Art Website Sales Contract, concebido en 2012 por Rafaël Rozendaal. “El modelo de Rafaël es muy importante por qué permite el coleccionismo de arte basado en Internet con la obligación de mantener la obra disponible gratuitamente en la red para que todos puedan verla”, explica al Silicio Roth. Como Rozendaal, el artista ha publicado su modelo de contrato en Internet para que pueda ser aprovechado por otros artistas, por lo que también autoriza sus modificaciones por parte de terceros.

 Desde 2012, con su peculiar protocolo de venta, Rafaël Rozendaal ha conseguido ya vender casi la mitad de sus obras: piezas para la red muy simples, llamativas y con pequeños detalles animados que se venden como obras cerradas, es decir que no admiten cambios o evoluciones. Teniendo en cuenta de que hasta el momento ha producido unas 100 web y que la mitad de ellas ha sido vendida por una cifra que oscila entre los 400 y los 6.000 euros, se puede afirmar que su Art Website Sales Contract, sin duda alguna debe haber contribuido a fomentar el interés de los coleccionistas. Mirando las obras de Rozendaal como su reciente looking at something.com o the persistence of sadness.com, se entiende rápidamente que es lo que buscan quienes se atreven a comprar net.art: piezas simples y bien definidas, cuyo formato paradójicamente se acerca al concepto http://blogs.elpais.com/arte-en-la-edad-silicio/2013/11/un-acuerdo-que-materializa-lo-virtual.htmlde lienzo, pese a que las piezas de net.art tradicionalmente se caracterizan por ser obras en proceso y en continua evolución.

 Lo importante de estos dos ejemplos es que ofrecen una alternativa y un punto de partida para muchos artistas, ya que se trata de contratos open source, que pueden ser utilizados, modificados y personalizados según las exigencias de los usuarios. En realidad siempre se estipularon acuerdos, pero en los años de la génesis del net.art aún no se tenían claras las necesidades de las obras y no todos los artistas tuvieron la suerte de Mark Napier y John F. Simon cuyas respectivas comisiones del Guggenheim, net.flag y Unfloding Object, siguen en la red del centro neoyorquino desde 2002. “Fueron integradas en la Variable Media Initiative, explica al Silicio, Mark Napier, aludiendo al pionero programa de conservación implementado por Jon Ippolito, cuando era conservador de new media en el Guggenheim. “Para net.flag se estipuló un acuerdo, que pero no llamaría un contrato de venta. Recuerdo haber escrito una descripción de la obra, sus características y cómo podría ser reproducida. Describimos lo que el trabajo representaba, el código y los archivos que generaba [la documentación requerida para formar parte del programa de conservación. n.d.r.] pero no me acuerdo de un contrato sobre la propia venta”, concluye Napier.

Hablando de pieza inmateriales, las reflexiones de Roth y Rozendaal pueden ayudar los artista a no caer en espirales de malas prácticas, que suelen acabar con su obra olvidada offline, mientras que cualquier cesión de piezas de net.art debería implicar la garantía de que se mantengan online, que es donde deben estar. Los primeros contratos no establecían normativas sobre la conservación en la red de las obras, generando malentendidos y situaciones muy perjudiciales para los creadores. 

 Un ejemplo flagrante es el caso de Ricardo Iglesias, pionero del net.art en España, que en 1999 fue uno de los tres artistas que representaron nuestro país en la mítica exposición net_condition, promovida por el ZKM Center for Art and Media de Karlsruhe (Alemania), que se celebró simultáneamente en Internet y cuatro sedes físicas. La exposición española tuvo lugar en MECAD Media Center d’Art i Disseny de Sabadell (Barcelona) y además de Iglesias que participaba con la obra Referencias se presentaron sendas piezas de Antoni Abad y Roberto Aguirrezabala. Con los años y el desmantelamiento del MECAD, que en aquel entonces estaba bajo la dirección de Claudia Giannetti, todas estas obras han desaparecido de la web del centro. “Con MECAD se firmó un acuerdo de producción de piezas para su participación en la muestra net_condition. No recuerdo que se realizase pago ninguno, creo que estaba dentro de la beca de investigación”, explica al Silicio, Iglesias. Con los años Referencias se ha convertido en una obra representativa del desarrollo del arte en Internet, así que no es de extrañar que el artista lamente no haber pactado unas condiciones específicas sobre el trato que el centro debía proporcionarle.

 El destino de Referencias resulta sorprendente. Una copia de la misma fue adquirida por el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporaneo (MEIAC) de Badajoz, el primer museo español en abrazar la causa del net.art y se expuso en la feria ARCOMadrid en el 2000, pero en la galería virtual del centro desde ya bastante tiempo de dicha obra tan sólo queda una mención en el listado de autores de la colección permanente. Fuentes del museo aseguran que Referencias se pidió prestada para su exhibición durante un periodo determinado que incluía la feria y que se pagaron los derechos correspondientes, pero que jamás se adquirió ni hubo compromiso de exponerla. “Entonces ¿por qué aparezco en el listado de autores de la colección?”, se pregunta Iglesias.

 El artista, que actualmente imparte clases en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona y ha derivado su proceso creativo hacia la robótica, sigue en un limbo burocrático también en otra reciente iniciativa del MEIAC, ya que una de sus obras, elmundo.es, forma parte del archivo virtual NETescopio, comisariado por Gustavo Romano, que en su formato expositivo, tras estrenarse en el MEIAC, está itinerando por diversos países.

“Para el proyecto NETescopio se solicitó a todos los artistas una copia de su pieza, en plan archivo, registro y conservación. Yo colaboré con elmundo.es, pero indicando que si había itinerancia o cualquier otra iniciativa, que implicara temas económicos, consideraba que deberían comprar la obra y le avisé de que no la consideraba una cesión para la eternidad”, explica Iglesias, asegurando que la muestra viaja y ha viajado por diferentes centros culturales nacionales e internacionales, “sin avisar los artistas involucrados de la programación contratada con las instituciones colaboradoras”. A prueba de la confusión que aún impera en el sector, también en este caso las versiones son distintas. “La obra de Iglesias está en el archivo que no se mueve, porque está en Internet a disposición de todos como él bien sabe. Por lo que se refiere a la muestra que está itinerando, hay un montaje con paneles que explican el proyecto de NETescopio, mencionando algunas obras como ejemplo de las secciones, pero ninguna de estas es la de Iglesias”, asegura el comisario Gustavo Romano.

 Se trata de desacuerdos que los artistas deben imponerse resolver desde el primer momento en que empiezan las negociaciones, si no quieren que les pase como al creador esloveno, afincado en Frankfurt, Igor Štromajer, autor de what was he thinking about? berlin? praha? ljubljana? skopje?, la única pieza de net.art propiedad del Museo Reina Sofía de Madrid. Štromajer, cuyas obras forman parte de la colección permanente de varios museos como el Centro Pompidou de París que en 2002 adquirió sm.N – Sprinkling Menstrual Navigator, no ha conseguido nunca resolver el embrollo con el Reina Sofía. El museo recibió la obra en 2001 gracias a un premio adquisición de ARCO organizado por la productora madrileña LaAgencia. Aunque desde el comienzo hubo un contrato que especificaba cómo y dónde se debía exhibir la obra, esta tardó varios años en aparecer en la web del centro madrileño. Finalmente lo hizo cuando, con la llegada a la dirección de Manuel Borja-Villel, se renovó la web del museo. Sin embargo en vez de colocar la obra en el servidor del museo, simplemente se enlazó a la web de Štromajer. Conocido pionero de la media performance, hace un año en un arrebato conceptual el artista decidió realizar una acción catártica destruyendo todos sus proyectos en Internet (Expunction), a lo largo de un ritual virtual de varias semanas. De este modo actualmente el enlace del Reina Sofía no lleva a la obra, sino a la memoria de esta que quedó tras la destructora performance de Štromajer.

 “Por cuanto pueda parecer increíble, el Reina Sofía no presentó nunca la obra en su servidor. Quizás sea por qué nunca la compró en realidad, le llegó, no pagó por ella, de modo que probablemente no percibió que estaba malgastando el dinero por no exhibirla”, ipotiza irónicamente Štromajer, que cobró por la obra 10.000 euros hace 12 años.

Ya que el museo posee el código el entuerto tendría una solución muy simple, tan sólo habría que colgar la obra en su servidor y quizás dejar el enlace a la página actual de Štromajer como ejemplo de cómo evolucionan las obras en Internet. “La obra se va a poner online lo más pronto posible en el marco del proyecto de renovación de la pagina web, estimado en dos años. El departamento de restauración se está encargando de estudiar las condiciones mejores para hacerlo y tan pronto como lo tengamos claro se pondrá online”, asegura Olga Sevillano, responsable de Programas Virtuales del Reina Sofía… aunque dicho así, parece más complicado…

 Artículo:  http://blogs.elpais.com/arte-en-la-edad-silicio/2013/11/un-acuerdo-que-materializa-lo-virtual.html

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