¿Se Puede ser mujeres directivas y no morir en el intento? 'Yes, we can'

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Más de ocho de cada diez -85%- de las empresas familiares de la Comunidad de Madrid están dirigidas por hombres, según los datos de la Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar de Madrid.

Sin embargo, y aunque siguen siendo rara avis, hay unas cuantas empresas familiares dirigidas por mujeres. Son Lourdes Fuentes, presidenta y fundadora de Roan, empresa de consultoría e intermediación inmobiliaria; Inés Juste, asistente de presidencia de Laboratorios Juste, compañía químico-farmacéutica y Marola Balmes, directora general de Industrias Balmes, una empresa dedicada al transformado de precisión de chapa y a la fabricación y montaje de conjuntos mecánicos y electromecánicos.

Para empezar: ¿dirigen de forma distinta a la de los hombres? Según Lourdes Fuentes: "No sé si existe el liderazgo femenino. Lo que sé es que en mi forma de dirigir peco de maternal". Para Marola Balmes, "eso no tiene por qué ser malo". "Mi abuela era muy mandona y vengo de un matriarcado. Lo que sí sé es que empieza a haber mujeres que dirigen por devoción", responde Fuentes, quien recuerda que hay que dar las gracias a los hombres que han ayudado a que ellas y otras muchas mujeres ocupen puestos de responsabilidad.

La tercera ejecutiva, Inés Juste, señala: "En el caso de las empresas familiares, se suma el hecho de que no sólo tienes que ser la empresaria, la madre y la esposa perfecta; es que además tienes que ser buena hija, nieta y sobrina", cuenta Juste, que pertenece a la segunda generación, que es la mano derecha de su padre.

Fuentes destaca: "Me niego a caer en roles. Hay mujeres fuertes y otras menos. A mí me cuesta ser simpática y se supone que todas lo somos". Ha vivido, dice, sola entre hombres, y recuerda que muchos la han cuidado y que para otros ha sido totalmente invisible.

¿Conciliación?

Eso sí, las tres piensan que la conciliación esconde una trampa. "Un cuento chino", añaden. Por eso, Fuentes, que pertenece a una generación anterior a la de sus compañeras, cree que la clave está en librarse de la ausencia de culpabilidad. "Los hombres no tienen ningún complejo", dice. Además, añade Juste, tenemos esa tendencia a estigmatizar a la que no hace lo que nosotras, a compararnos.

Balmes confiesa que le cuesta encontrar el equilibrio entre su faceta de madre y empresaria, pero confiesa que las medidas de conciliación, bajas de maternidad, reducciones de jornada, etcétera, no ayudan.

"Al final genera muchos problemas porque no puedo permitirme tener parada una máquina, así que acabo contratando a un hombre", señala. "Es que las medidas lo que fomentan es la vuelta a casa. Y no se puede pedir el 10 en todo", remata Fuentes.

"Hemos evolucionado muy poco por la trampa de la maternidad. Cuando eliminemos complejos, habrá más herederas. Reivindico la no perfección", añade.

El riesgo a ganar o a perderlo todo

Esa misma aversión a los tópicos la trasladan a los clichés que rodean a las empresas familiares. "Sí que me identifico con que los proyectos los desarrollo a largo plazo. Porque se trata de continuar con un proyecto. Pero eso no significa que no nos arriesguemos", dice Inés Juste. "Es que una empresa que no asume riesgos se muere, aunque sea cierto que quizá seamos algo más conservadores. Lo bueno es tener los riesgos algo controlados", añade Marola Balmes.

"Pues yo no he sido nada precavida. He fundado mi empresa y doy mi vida por ella. Tengo todo mi patrimonio en los bancos, y creo que ninguna empresa familiar existiría si no hubiera habido alguien que se lo hubiera jugado todo a una carta. No he hecho caso a los que me han dicho que presentara suspensión de pagos y me fuera a casa. Yo me muero con esta empresa", suelta de una vez Lourdes Fuentes.

¿Lo peor de la crisis?

Otra respuesta coral: "Despedir a gente". No en vano, las empresas familiares suponen la mitad del empleo privado de la región. "Tenemos unas leyes de cuando España era una autarquía. Lo bueno sería que hubiera flexibilidad", cuenta Balmes.

"El llamado boom inmobiliario ha sido una cosa política y financiera. Pero España tiene una materia prima que es el sol y es un grave error matar el ladrillo", dice Lourdes Fuentes. "Creo que tardaremos más de una década en recuperarnos", confiesa algo abatida Inés Juste. Esperemos que se equivoque.

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